El baile tradicional mallorquín, conocido como “Ball de Bot” o “Ball de Pagès”, tiene un marcado carácter matriarcal.
Son danzas dirigidas por la mujer, con un cariz erótico y totalmente improvisado. La mujer hace que el hombre que baila con ella imite sus puntos de danza, acercándose o alejándose de la pareja según su capricho.
Antiguamente, los bailes formaban parte de las fiestas patronales de las villas, así como de las celebraciones organizadas por los propietarios de las “possessiones” cuando era copiosa la recogida de trigo, aceituna, higo…
Para las fiestas más sencillas no se necesitaban músicos en sentido extricto, ya que la base de la música era la propia voz humana, acompañada de instrumentos de percusión destinados a marcar el ritmo. Para ello se usaban pertrechos fabricados por los participantes en la fiesta: castañuelas de caña, sierras, cañizos, huesos, botellas de anís, “tamborino”, pandereta, bombo, cucharas de madera…
Para las fiestas más lucidas, por el contrario, se recurría a los servicios de varios músicos, quienes con el quitaron, el violín, la flauta y la guitarra, daban un aire más rico a la celebración gracias a la diversidad de sonidos.
Mención especial merecen los instrumentos tradicionales del floklore mallorquín:
La gaita mallorquina (“xeremia”). Instrumento de viento, de doble caña. El pellejo es de piel de cabra, mientras que para la fabricación de las cañas se usa madera de almendro, cerezo o granadillo.
La flauta (“fabiol”). Manufacturada a partir de las mismas maderas que la gaita. Destaca su forma de utilización, a una sola mano.
El tamboril (“tamborino”). Hecho a base de piel de conejo y madera de almez.
El guitarrillo (“guitarró”). Instrumento de cuerda con mucha raigambre en los bailes de “possessió”, para cuya fabricación se usa madera de palosanto.
Otros instrumentos importantes son el violín,
la guitarra, el laúd y la bandurria.
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